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“ardiendo en aguas muertas, llamas vivas”
Luis de Góngora Paisaje Nace el campo… Con el rayo aparece recién bañado. Cada partícula regala un color al ojo activo, cede a un volumen. Humanamente las flores bostezan brindando al aire su perfume diverso, su festiva belleza al que observa. Débilmente sopla en viento, permitiendo caricias entre las azucenas. Eternamente el río canta ignorante, lejos del sueño. El agua roba sus límites al verde. Esencias Con qué claridad me invita este azul a mirar, con qué fuerza me solicita el cielo: el color de la nada solitaria y mundana, ancestro que me reclama, paraíso por el que una nube vaga sin tiento como anticipo de mi existencia. Abajo difusamente yerra mi forma, y el tiempo que me consiente, que me transforma, que me aniquila, me lleva a mí, como el viento a la nube. yo estuve aquí. Monegros Por estas explanadas duerme el hombre un sueño antiguo, de siglos; sueño local de sol. Poco pasa aquí en esta tierra seca. Aquí todo son largos caminos que conducen a cortos pueblos, donde vecinos solitarios y mudos sufren el castigo de la incomunicación, de la soledad sin límites, del olvido.
Vibraciones
en el aire, dolores en las rodillas, sensaciones en la nuca, amores en los rincones, crujidos en las costillas, suicidios en los balcones, padres en asilos viejos, locos en los callejones, pesadillas en los sueños, palabras, visiones… Tarde, otra vez, que empuja a golpes de saeta, de esta saeta afilada que extirpa el dolor de las horas, que dibuja otra tarde más allá de la presente, bordadas las dos al hilo de una voz que el oído finísimo como aguja persigue. Cada día a esta hora metálica casi cortante, me frecuenta con fidelidad de amiga la metáfora. A esta hora brillante amores se gestan, hijos de la siesta, de los labios tiran. Endulzan los sueños palabras tejidas al calor del beso. Cada tarde es una herida vegetal que cicatriza sin esfuerzo, una ventana por la que se fecunda al día. El
morir La muerte es el difunto, la espera, del retorno del péndulo que nunca vuelve, el revés de la carne, la ausencia, la mirada lejana y ajena. La muerte es la nada, el silencio del cuerpo, la soledad, la calma, el tiempo vacío. Palomita Palomita que vuelas muy alto sin saber hacia donde, ¡baja un poco a la tierra que quiero ver tus colores! En la frágil violeta no intentes posarte porque no tiene fuerza para levantarte. Busca flores más grandes: en la rosa estarás perfumada, en el lirio elegante. ¡Mira! Ya la azucena se viste de gala para seducirte y para cobijarte.
Al
abuelo Solo me queda de ti tu recuerdo, la memoria de tus manos calientes y viejas, de tus brazos sin carne, de tu cuerpo robusto, de nácar, de tus ojos pequeños cual trocitos de cielo azulado y sin mancha. Solo me queda de ti tu recuerdo, ya no eres actual, eres historia. yo te quería, ahora renaces en mi memoria, ahora te quiero como se quiere a una idea, pero te quiero igual, o más, porque el amor no siempre precisa volumen que lo evidencie, sombra que lo justifique. Quererte a ti era sencillo, abuelo, has pasado de ser sombra a ser recuerdo, un cambio de palabras, ya ves, eso es la muerte y la ventaja de ser humano. Pues en verdad nunca se acaba la vida con la mortaja, y aunque se pierda la forma queda quién sueña con ella y se ilusiona y esa es razón suficiente para morirse contento y despedir feliz al sufrimiento.
El río ¿Qué cuenta el río? En su voz líquida bucean sonidos milenarios indescifrables, divinos. No miente. salpica un mensaje a cada oyente. Su esencia es el agua distinta, hija del rayo su apariencia. El río es la acción, el movimiento fiel, del devenir el espejo, siempre cambiante, humano. Materia Fluida la tarde me espera. Siempre aquí pendiente de sus cambios de humor me tiene. Cuando yo me dispongo a observarla, el tiempo se asola en el fondo de este mar de luz que me invade, que mengua mi voluntad, que me devuelve a mi condición de polvo cósmico, que me hace sentir MATERIA ligeramente sutil pero materia, al fin, de este mundo en el que ser cualquier cosa es un regalo, existir, sin más , estar presente en el universo, disfrutar del verbo vivir. Niebla Blancura que su figura lleva en volandas. Vapor que con soltura la luna ciega Agua que con dulzura la tierra baña. Telón que con finura la escena vela. Espesura que una realidad segura no arrasa: el trocito de mundo que, a menudo, nos basta. Entre la niebla se vislumbra al hombre. ¡Qué tristeza de sauce me causa! ¡Qué amargura en esta soledad cósmica tan pura! El
campanario Suena la campana como si proclamara una verdad. Los pájaros tienen fe en el aire que respiran y mueven. Me acosa esta paz tan religiosa. Empieza
a pasarme como al aire que solo pasa, que poco pesa, que nada deja. A la
abuela Caíste como la hoja en otoño. Rigurosamente blanda, discreta, caduca. Caíste en silencio como la pluma.
El alba A partir de hoy amanecerá todos los días, madrugará la luz por verme. ¡Ay, la luz!... conclusión de esta noche que, en su esfera oscura, sortea nombres. A partir de hoy llegará la aurora blanca, plena, pura ¡alba de mis versos! ¡poesía sola! Claro rostro Nunca hay nubes en el cielo de tu cara, nunca anochece en tu rostro y , aunque oscurezca de veras, el paisaje de tus ojos permanece luminoso, tan radiante y tan azul que no es preciso más luz. Píntame una rosa ¡Píntame una rosa como las reales! sólo una, lejos de las otras, la unidad le confiere más belleza; que huela a capullo tierno, no quiero que esté marchita. La necesito para las ocho. No importa el color. Amanece Por la mañana las golondrinas cantan en mi ventana, me deletrean el alba, con qué limpieza la exponen a ritmo lento, llenando el hueco dejado por la tristeza del negro, y desmenuzan, para alargarla con sutileza, mi placitud. Por la mañana las golondrinas cantan en mi ventana.
¡Qué
pureza en sus cantos de fantástica belleza!. Versos en la mente quietos, palabras dormidas, tristes, reflejos en el espacio muerto. Espejos ingratos, límites, dudas del sentir humano, imágenes, sonrisas libres. Adioses, batir de manos, saludos, miradas canas, horribles pesares vanos.
Luna
celosa La luna está en la cama, malita, mala, le duele no ser lucero de la mañana. El sol le dice a la luna que en cinta estaba que será mejor lucero el de sus entrañas. La luna ríe contenta, baila que baila, ya va a
comprar una cuna nueva de plata. Se va
la sangre, se va la madre por dar la vida. Y en medio de tanta sangre la madre blanca, blanca y purísima blanca la cara entre el pelo negro blanca y lejana y las manos frías. Se va la sangre se va la madre por dar la vida.
La flor
de la vida Eras como una rosa
de esas que empiezan a abrir sus pétalos rojos. Pero... te abriste demasiado y cedió el terciopelo, te rompiste de tan fresca y perfumada. Sangre de rosa escarchada. No pudo el tallo con tanto aroma. Siempre te recordaremos joven, no te llegaste a mustiar, ni a secar como hacen todas . Te fuiste con todo tu perfume en la flor de la vida. Polvo
de estrella
Ahora que me has dejado
madre, eres como una de esas estrellas que brillan sin existir. Tu luz tarda en extinguirse. Ya formas parte del cielo, ¡tú! que siempre mirabas hacia
arriba, tan aferrada a la tierra como estabas, siempre pendiente tu humor del de las nubes. Eso he heredado de tí. Aún te lloran las flores, aún añoran tus manos, ya de mármol, las violetas. ¿Quién cuidará nuestro huerto? Dos abismos tengo ,ya, por ojos, secos y sin lágrimas; Hasta la mirada se me está desertizando...
¿Porqué
te fuiste tan alto, madre?. Ahora eres polvo, lo sé, pero...¡polvo de estrella!. Pálidos pensamientos ¿Qué es lo que impera? El dolor. De repente, palidece el pensamiento sin tenerlo previsto, se entumecen las manos, tiemblan sobre el papel, se escurren. Te pones a sonreír simplemente con la boca y es poco, porque sabes que la sonrisa completa no es eso. Y te quieres mover con soltura pero tropiezas con ideas antiguas, se te anuda la lengua, se embarullan las letras, te visitan los muertos, se te empapa la frente y los brazos te pesan y la boca se estopa. ¿Qué es lo que impera? El dolor. A menudo circulan las lágrimas por el semblante cansado sin permiso de nadie y se adueñan de uno gota a gota.
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